Portería – Un deporte dentro de otro

Tras muchos años observando balonmano, he llegado a una conclusión. El balonmano se divide en dos deportes, el que hacen los jugadores y el de los porteros. Y son dos deportes bastante distintos, incluso en las reglas.

¿Por dónde empezamos? ¿Trabajo técnico? Venga. Es más sencillo encontrar diferencias técnicas que parecidos. El armado de brazo es similar, pero no pasamos en salto, no necesitamos armado alto, bajo, rectificado, etc. Además, damos pasos dentro del área antes de pasar el balón. Y nos equilibramos para dar un pase. Nada que ver, y esto era lo más común a nivel técnico. ¿El resto? Ni te cuento. Parada arriba, abajo, media altura, salmonete, etc. Ni un parecido. Y le damos con el pie si tenemos la suerte de ponerlo en el sitio adecuado en el momento adecuado.

¿Trabajo táctico? Bueno, aquí tenemos ciertos puntos de unión. Cuando lanzan desde 9 metros se crea una táctica colectiva en la que se acuerdan de nosotros. Uno cubre el cruzado y otro el directo. También en los contrataques se acuerdan de nosotros. Y … ya está, como decía el chiste que ahora es políticamente incorrecto del sexo entre orientales (abajo lo cuento *). La táctica individual no tiene ningún punto de unión. Nosotros observamos trayectorias, armados de brazo, cruzados, directos, impulsos, etc. Casi nos parecemos más al portero de waterpolo que al resto de compañeros.

¿Trabajo físico? Aquí seguro que sí, ¿no? Bueno, tenemos realmente una parte común con el resto de compañeros y otros deportes (baloncesto sin ir más lejos). Nos desplazamos, impulsamos, saltamos, etc. También necesitamos una fuerza similar a los demás. Podríais convencerme. El problema viene en el modo en el que tenemos que trabajar dicha fuerza. Mientras los jugadores tienen estímulos externos mientras entrenan (les empujan, empujan, tiran, etc), nosotros sólo tenemos el estímulo del balón, del duro suelo y del frío palo. Por ello necesitamos un trabajo extra de fuerza, que nos iguale, sobretodo en categorías inferiores.

Esto por no hablar de movilidad articular y flexibilidad. Una parte de nuestro tiempo va dedicada a permitirnos caer al suelo sin troncharnos o poner la pata en el larguero (sin usar serrucho). Aquí si que no.

¿Y el trabajo psicológico? Aquí ya ni os cuento. Estás en un puesto sólo, hecho para impedir con tu cuerpo que el balón entre, no puedes devolverle la visita al que te ha dejado un recuerdo hexagonal en tu anatomía, si la cagas te ve todo el pabellón, etc. Todo son ventajas, oiga.

Por suerte, estás sólo y nadie te molesta. El balón no duele por que estás más fuerte que el vinagre. No necesitas devolver regalos por que ese balonazo que te has llevado es un gol menos que encaja tu equipo. Y, ¡todo el mundo ve lo bien que paras! Todo son ventajas. ¿Alguna se puede aplicar al resto de puestos? Pues eso.

Si es que hasta las reglas son distintas. ¿Acaso hay alguna regla distinta entre extremos y pivotes? Pues entre porteros y resto sí las hay.

Muy bien, muy interesante reflexión y, ¿esto a qué venía? Muy sencillo.

Si hemos visto que los porteros tiene un reglamento distinto, el trabajo técnico, táctico, físico y psicológico tienen demasiadas diferencias, ¿por qué seguimos sin dedicar tiempo exclusivo a los porteros? ¿Cual vuestra excusa?

 

* El chiste que me contaba hace mil años mi madre
¿Cómo se dice en japonés «Eyaculación precoz»? – «Yatá»

¿Y cómo se dice «Pareja insatisfecha»? – «KomoKeYaTá»